Una letrina para la escuela

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Poco ha cambiado desde mi última visita, el año pasado, a la escuela que ayudamos a levantar en 2017.
La situación es más crítica y urgente si cabe.
Las lluvias han erosionado las construcciones de adobe y no queda un muro entero. Esta escuela acoge cada día a unos noventa niños de entre tres y doce años, que caminan descalzos y no tienen acceso a agua corriente.
 
Pregunto dónde está el baño, y me señalan el maizal. No debería sorprendernos, pues, la abundancia de infecciones, especialmente bacterianas y fúngicas.
 
La escuela necesita un parcheo muy serio, pero si los niños están enfermos, eso poco importa. Considerando los plazos y el presupuesto, optamos por construir una letrina semi-permanente para el comienzo del nuevo curso escolar, a finales de agosto.

En Kenia el equipo sigue con ganas. Kaingu, Sifa, Costa & Teacher, participantes también en el programa de intercambio cultural, vuelven a ofrecerse para este proyecto. Me voy, pero intentaré volver lo antes posible. Ellos, mientras, empiezan a cavar.

Unas semanas más tarde, de vuelta en la escuela, me encuentro con una barbaridad de agujero. Dos metros de largo por uno y medio de ancho y tres de profundidad.
 
Cavamos y sacamos tierra sin parar durante los dos primeros días. Los alumnos están de vacaciones, pero muchos niños de la zona nos ayudan y nos acompañan.
Agujero terminado. Sobre él se colocarán dos cubículos independientes. La letrina será funcional durante dos años.  Así será más sencillo que los niños vayan adquiriendo pautas de higiene saludables. Pero solo los alumnos de la escuela.
Hasta que mejoren las circunstancias de las muchas familias que viven sin acceso a una letrina, ésta será un bien para toda la comunidad.
 
El suelo es arcilloso, y para evitar que colapse sobre sí mismo durante la época de lluvias, lo revestimos con una mala metálica y lo encoframos con cemento.

La mezcla necesita agua, lo que nos obliga a hacer múltiples viajes al depósito común. No está muy lejos, pero con un garrafón lleno agua en la cabeza y al menos un bebé colgando, a mí me parece una hazaña. Madam Pendo y Massi llevan garrafas de 20 litros como quien lleva un sombrero.

Se ríen cuando me ofrezco a acompañarlas, y me dan la garrafa pequeña. 10 litros. Solo pienso, que no se me caiga, por favor, que no se me caiga…

El siguiente paso es construir el suelo. Cortamos y aseguramos varios postes para construir una base sólida. Una tela hidrófuga protegerá del agua y las humedades. La malla metálica reforzará el cemento con el que se recubre completamente la estructura, dejando dos aperturas, una para cada cubículo.

Es mi último día. Añadimos una última capa de cemento al suelo, y hasta aquí hemos llegado, me marcho mañana. Se nos han acabado el tiempo y los fondos.
 
La letrina está prácticamente terminada a falta de reforzar paredes y colocar el techo. Pero mientras esperamos a que nos llueva del cielo un sobre lleno de billetes, improvisamos con lo que sí tenemos: postes, palos, sacos de cemento, algunas cortinas para las puertas…
 
Los chicos se sacan un diseño de la manga en media hora, si bien urge reforzar las paredes y colocar un tejado.
Es viernes. El nuevo curso empieza el lunes. Me encantaría poder quedarme unos días más para comprobar que todo funciona bien.
(…)
 
Los niños llevan dos semanas de curso y nos cuentan que están encantados con sus nuevas instalacionesSeguimos recaudando fondos para que estos niños y esta comunidad puedan, cuanto menos, aliviarse en paz.